Santo Domingo.- Opiniones encontradas
surgen ante la polémica que genera el someterse a una operación de próstata. El
temor por el cual muchos hombres rehuyen a este tipo de acción es porque al
procedimiento invasivo se le atribuye afectar la vida sexual de los hombres que
les realizan esta cirugía.
La indigencia reflejada en el rostro humano
Durante el día recoge cartones y galones usados que luego vende, espera que caiga la noche para tender su cama y descansar,
Circulación del virus AH1N1 se extiende a 13 provincias del país
Continúa extendiéndose en las diferentes provincias del país la circulación del virus de la gripe AH1N1, notificándose su presencia en 13, en tanto que el sistema de vigilancia centinela ha captado en lo que va de año 603 casos de Infección Respiratoria Aguda Grave.
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martes, 28 de mayo de 2013
martes, mayo 28, 2013
Comunicación y Más
Santo Domingo.- La energía que crea la espera se llama esperanza, es la que sana en la espera, y la que hace que todo lo bueno que hay en el cielo y la Tierra se produzca.
La esperanza es el puente que ustedes han creado para esperar que lo que ustedes mismos crearon llegue a su tiempo y en su hora.
La esperanza es el puente que ustedes han creado para esperar que lo que ustedes mismos crearon llegue a su tiempo y en su hora.
lunes, 27 de mayo de 2013
lunes, mayo 27, 2013
Comunicación y Más
“Antes de montarme en el carro para salir un
fin de semana de vacaciones con mi familia”, dijo R.T., hombre de
temperamento violento e irascible, “le pregunté al Amigo: ¿llevo la
pistola, o no...?”
“Me detuve en silencio un instante, y me pareció escuchar que me decía: “Y ¿para qué? Déjala bien escondida y vete tranquilo con tu esposa y tus hijos”.
“Así lo hice, y me sentí bien. Pero luego, en el viaje de regreso, me encolericé con un camionero que no me abría paso, lamenté no tener la pistola para bajarme del carro y apuntarlo...”
“Entonces recurrí al amigo nuevamente y lo increpé”: “¿Para qué me dijiste que dejara la pistola? ¡Mira ahora como he tenido que aguantar a este estúpido insolente...”
Y nuevamente me pareció escuchar la voz del Amigo diciéndome:
Mira a tu esposa tranquila y a tus hijos durmiendo plácidamente en el asiento trasero... ¿acaso no es mejor así...?” “Y continué mi viaje hacia la capital alegrándome de haber seguido el sabio consejo del Amigo”.
Este relato fue hecho por R.T., frente a todos los demás integrantes del curso que estaba tomando conmigo.
Durante muchos años, he propuesto a más de 1500 personas, participantes en grupos diferentes, que aprendieran a escuchar la voz de un amigo interior que habla en el silencio, con gran sabiduría, cuando uno se lo pide. Me he referido sólo a un caso de los cientos de reportes, verbales y por escrito, que he tenido el privilegio de recibir. De todas estas experiencias, he sacado la siguiente conclusión:
“Todo ser humano, sea hombre o mujer, joven o viejo, sin importar su cultura ni escolaridad, tiene una voz interior de gran sabiduría, y esa voz es un amigo incondicional a quien cualquier persona puede aprender a escuchar”. Fíjese que hasta ahora me he referido a cualquier persona, tengan o no fe, sea cual sea su fe. Ahora, nosotros los cristianos ¿cómo entendemos esto?
¡Podemos percibir dentro de nosotros la presencia de la Santísima Trinidad en nuestra vida ordinaria!
La pregunta de hoy
¿Cómo lograr percibir esa presencia?
En el Padre, usted y yo podemos descansar. El es roca firme, misericordia entrañable, el que nos reconcilia con nuestra libertad y nuestros constantes fallos, con nuestra autonomía y con nuestros errores, con nuestras posibilidades y con nuestras limitaciones. El nos repite continuamente: “Yo te amo, mi hijo. Tus miserias son el trono de mi misericordia, ¡cuenta conmigo en todo momento!”
Con Jesús, el Hijo, vivimos nuestro proceso, similar al de El, de irnos convirtiendo en personas adultas entregadas confiada y totalmente a la voluntad del Padre.
El Espíritu Santo nos va dando ojos para ver la acción del Padre en nuestro diario vivir y oídos para escuchar la Palabra del Hijo. Nunca habla de sí mismo, pero podemos contar con El en cualquier momento para crecer en sabiduría, en fortaleza, en paz, en alegría y en amor... ¡Crecer en madurez y en felicidad!
Él es su amigo interior sutil, bondadoso, firme, seguro, sereno, que usted puede aprender a escuchar sólo pidiéndole que lo conduzca, y haciendo silencio.
“Él es el mentor de la sabiduría y quien marca el camino a los sabios... Pues Dios ama sólo a quien convive con la sabiduría”. (Sab. 7,15-30) y el Salmo 24 afirma: “El Señor dirige el camino de los humildes”.
Ojalá usted y yo decidiéramos gobernar nuestra vida según esa palabra, ese susurro, esa amorosa voz del amigo.
“Me detuve en silencio un instante, y me pareció escuchar que me decía: “Y ¿para qué? Déjala bien escondida y vete tranquilo con tu esposa y tus hijos”.
“Así lo hice, y me sentí bien. Pero luego, en el viaje de regreso, me encolericé con un camionero que no me abría paso, lamenté no tener la pistola para bajarme del carro y apuntarlo...”
“Entonces recurrí al amigo nuevamente y lo increpé”: “¿Para qué me dijiste que dejara la pistola? ¡Mira ahora como he tenido que aguantar a este estúpido insolente...”
Y nuevamente me pareció escuchar la voz del Amigo diciéndome:
Mira a tu esposa tranquila y a tus hijos durmiendo plácidamente en el asiento trasero... ¿acaso no es mejor así...?” “Y continué mi viaje hacia la capital alegrándome de haber seguido el sabio consejo del Amigo”.
Este relato fue hecho por R.T., frente a todos los demás integrantes del curso que estaba tomando conmigo.
Durante muchos años, he propuesto a más de 1500 personas, participantes en grupos diferentes, que aprendieran a escuchar la voz de un amigo interior que habla en el silencio, con gran sabiduría, cuando uno se lo pide. Me he referido sólo a un caso de los cientos de reportes, verbales y por escrito, que he tenido el privilegio de recibir. De todas estas experiencias, he sacado la siguiente conclusión:
“Todo ser humano, sea hombre o mujer, joven o viejo, sin importar su cultura ni escolaridad, tiene una voz interior de gran sabiduría, y esa voz es un amigo incondicional a quien cualquier persona puede aprender a escuchar”. Fíjese que hasta ahora me he referido a cualquier persona, tengan o no fe, sea cual sea su fe. Ahora, nosotros los cristianos ¿cómo entendemos esto?
¡Podemos percibir dentro de nosotros la presencia de la Santísima Trinidad en nuestra vida ordinaria!
La pregunta de hoy
¿Cómo lograr percibir esa presencia?
En el Padre, usted y yo podemos descansar. El es roca firme, misericordia entrañable, el que nos reconcilia con nuestra libertad y nuestros constantes fallos, con nuestra autonomía y con nuestros errores, con nuestras posibilidades y con nuestras limitaciones. El nos repite continuamente: “Yo te amo, mi hijo. Tus miserias son el trono de mi misericordia, ¡cuenta conmigo en todo momento!”
Con Jesús, el Hijo, vivimos nuestro proceso, similar al de El, de irnos convirtiendo en personas adultas entregadas confiada y totalmente a la voluntad del Padre.
El Espíritu Santo nos va dando ojos para ver la acción del Padre en nuestro diario vivir y oídos para escuchar la Palabra del Hijo. Nunca habla de sí mismo, pero podemos contar con El en cualquier momento para crecer en sabiduría, en fortaleza, en paz, en alegría y en amor... ¡Crecer en madurez y en felicidad!
Él es su amigo interior sutil, bondadoso, firme, seguro, sereno, que usted puede aprender a escuchar sólo pidiéndole que lo conduzca, y haciendo silencio.
“Él es el mentor de la sabiduría y quien marca el camino a los sabios... Pues Dios ama sólo a quien convive con la sabiduría”. (Sab. 7,15-30) y el Salmo 24 afirma: “El Señor dirige el camino de los humildes”.
Ojalá usted y yo decidiéramos gobernar nuestra vida según esa palabra, ese susurro, esa amorosa voz del amigo.
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